¿Para qué sirve el ruido?

Montando una serie de artefactos: pequeños amplificadores de guitarra, juguetes de luces y sonidos intervenidos, procesadores de audio analógicos, conexiones de muchos cables de colores y tamaños diversos; el objetivo: generar una cantidad exagerada de frecuencias sonoras que estén sobre la capacidad de la normal recepción sónica humana, hacer sonido fuerte, hacer ruido; el ruido en esta perspectiva contemporánea de la ejecución espontánea de la música en una de sus más extremas formas, extremas porque ha superado y rebalsado aquellas formas más clásicas de la música occidental, creando aquellas en donde no existen partituras, tablaturas ni manera preexistente de plantear esta idea en una forma que no sea sonando espontáneamente lo que se expresa, donde el aparente desorden, el error, son atributos en vez de defectos.

El ruido como la totalidad de la música, la totalidad del sonido; lo que suena hace ruido. El humano conoció las primeras expresiones de lo que después desarrollaría como música, oyendo la naturaleza, percibiendo de esta manera las formas de transmisión del sonido, los fenómenos y contextos que producían estos sonidos y comprendiendo poco a poco su propia capacidad para dirigir a voluntad y con las herramientas que creaba estos y otros nuevos sonidos. El primer ruido estaba y está en la naturaleza; el humano occidental desarrolla su cultura en una constante desnaturalización, deja la naturaleza, se aleja del ruido y crea la música occidental. Al comienzo era el ruido.

El ruido naturaleza estaba en el espacio previa y posteriormente a la acción, estaba en el ruido blanco del viento y el río, estaba en el canto de las aves, en los pasos de las personas y de los animales libres, estaba en el zumbar de insectos, estaba en el eco del viento en los cerros.

La experiencia parece enseñarnos la cercanía del ruido al principio sonoro del humano, como si tras comprender casi todas las formas posible de la música, la respuesta parece estar nuevamente en la esencia. El ruido le enseñó al humano a desarrollar la música, aún hoy le enseña muchas cosas más allá: sin duda la gran razón de la contemporánea escena ruidista del mundo está en el internet y en la necesidad de hablar de una manera distinta, proporcionar nuevos sistemas, analizar los que hay y proponer alternativas.

Hoy el ruido como visión, opera consciente e inconscientemente, cerca a la cultura libre, es el género que más pública a través de los llamados netlabels, lo que le significa una enorme capacidad de difusión y alcance, y por lo tanto contiene la mayor cantidad de música publicada con las filosofías del copyleft, así casi involuntariamente apuesta por otra manera de distribución de información y contenidos, tanto para las publicaciones sonoras finales, como para la información y las herramientas que hacen capaz esta posibilidad, utilizando además técnicas como el hackeo para crear instrumentos, el “hazlo tú mismo” y «hazlo con otros» para construir herramientas análogas que antes eran casi de producción exclusivamente mercantil, sistemas operativos, software libre, vst y otras herramientas digitales, y logró una distinta posibilidad de crear sin depender, de crear libremente; el ruido ha hecho personas nuevas, ha creado enormes plataformas colaborativas que trascienden fácilmente barreras geográficas, idiomáticas y culturales, nuevos movimientos sociales, plataformas virtuales y una enorme cantidad de trabajos colaborativos; el ruido parece también ayudar al humano actual a comprender su capacidad inclusiva y a recordarle que cada persona es capaz de crear su sociedad. Más allá de sus posibilidades estéticas, políticas, educativas y sociales, de producir placer o conocimiento, como experiencia o como teoría, fusionado o buscando pureza, el ruido contribuye en otros géneros musicales, en otras disciplinas artísticas como un concepto, y en la sociedad como una expresión cuestionadora, sincera y válida.

Artículo para la Revista de Ruido Latino (2010)